viernes, 12 de febrero de 2016

HABLAR POR HABLAR

¿ Cuantas conversaciones son realmente inspiradoras ? ¿ De todo lo que se habla qué porcentaje es útil ? ¿ Qué impulsa a la gente a hablar compulsivamente ? ¿ De lo que se comenta salimos aprendiendo, motivados a superarnos, o más bien indiferentes y aburridos ? La realidad de lo que nos rodea es un parloteo constante inútil, que no aporta conocimientos por regla general ni sirve para ninguna aplicación práctica posterior.
Transmitimos de acuerdo a la propia capacidad, a los intereses personales, a unas ideas prefijadas, y sobretodo a una instrucción limitada para salir del paso enfocados en subsistir pero no en trascender.
La falta de nutrición contínua estanca en los criterios forjados sin ampliar la perspectiva, repitiendo los mismos comportamientos sin preguntarse como podemos mejorar, qué necesitamos cambiar y de qué manera para acceder a niveles más elevados de conciencia.
Muy poca gente sabe que tenemos un número determinado de palabras a pronunciar en la vida de cada uno, y una vez agotadas es el final. Pasan los dias, meses y años, inconscientes de esta existencia de ir restando palabras en el contador, malgastando tiempo y oportunidades en banalidades.
Dicen los preceptos : si tus palabras no son mejor que el silencio, es preferible no decir nada.
¿ Cuantas personas hacen caso de este postulado ? Parece como si fuera solo dedicado a los monjes, a los yoguis o personas con inquietudes espirituales.
La realidad es que hay demasiado ruido, demasiados discursos insubstanciales, repetitivos, en una sensación de comunicación incomunicada que ni nos acerca ni nos satisface ni nos es edificante.
A través de las palabras estamos reflejando nuestro potencial, y el funcionamiento de la sociedad lo pone de manifiesto. Hay una inmensa pobreza comunicativa, una gran limitación en multitud de conversaciones en lo que se dice y cómo se dice. Preocupados básicamente por cuestiones mundanas, no se sale de temas prosaicos tratados con un alto grado de ignorancia, donde todos creen que saben mucho y pueden opinar de todo a pesar de no tener ni idea.
Por más medios a nuestro alcance esto no comporta una calidad en las interacciones, porqué la calidad depende de la formación, del tipo de ideal, de objetivos, y sobretodo de la integridad que dote a los pensamientos y sentimientos de pulcrtitud en el fondo y en la forma.

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