La base forjada en un pasado permite el presente. Y hoy estamos preparando el terreno para un mañana. Nada pasa por que si, siempre hay un detonante que acaba en una manifestación. Entre la abstracción de la idea y la concreción en hechos, determinará unos resultados que dejarán un efecto. Y en este estado que nos movemos entre la conciencia y la inconciencia, a veces su incidencia es óptima y otras comporta problemáticas.
La gente en la situación actual de impasse y incertidumbre, solo piensa en su propio interés, en objetivos materiales, en bares y playas. Después de años agrediendo al planeta, incrementando la contaminación, ampliando la brecha de desigualdades entre ricos y pobres, en vez de efectuar unas reflexiones profundas preguntandose como hemos llegado a este desbarajuste y ahora estamos limitados y condicionados por las acciones prévias, lo importante parece que es consumir y ir de fiesta.
El virus es el detonante para replantear la vida a título personal y colectivo. La supuesta " normalidad " no era tal ante tantas miserias manifestadas de múltiples maneras. El mensaje a descifrar es como queremos vivir y que pensamos hacer para crear alternativas sostenibles.
No se trata de producir hasta el infinito, de sobreexplotar recursos y personas, de que millones y millones vayan de una punta a la otra con el perjuicio ambiental que conlleva. El sistema no funcionaba, hemos generado una burbuja que ha estallado. Pretender volver al punto donde estábamos sin modificar el fondo y la forma, es no entender lo que la experiencia actual nos pone de manifiesto.
Después de los excesos vienen las restricciones, que es donde nos encontramos. Pendientes de satisfacer deseos físicos y objetivos materiales, los afectados son la salud y la economia por haber abandonado vivir con unos principios espirituales. Y pendientes solo de ganancias y de copas, sin pensar en fijar unos parámetros diferentes donde todos estamos implicados, ni entenderemos el por qué de la experiencia ni podremos sacar un provecho.
No hay tribulaciones sin transgresiones. La humanidad está siendo juzgada y puesta a prueba por lo que hemos hecho, y quejarnos dando la culpa a cuestiones externas evadiendo la responsabilidad es no ver claro.
La " normalidad " de seguir destruyendo o la regeneración. Hemos de decidir que queremos, parar la vorágine de donde estábamos, o reformular la existencia con unas maneras y acciones sostenibles para el bien de todos.