jueves, 14 de marzo de 2024

LA HABITACIÓN DE GUERRA, NUESTRA BATALLA CONSTANTE

Descifrar el qué y el por qué, saber como proceder para encajar lo personal y lo impersonal, los intereses particulares y los colectivos, nos somete contínuamente a un análsis de medidas entre lo apropiado y lo inconveniente. Hemos de afrontar el reto constante de acoplar dualidad y unidad. Formados individualmente, las funciones esenciales de subsistencia dependen exclusivamente de nosotros. Nadie puede vivir por nosotros y al revés exactamente igual. No obstante, la nutrición está en el exterior, y la obtención de recursos radica en las propias habilidades para ofrecer servicios y la aportación de terceros en los intercambios.                                                                                                                                         La habitación de guerra es donde sucede la lucha entre lo que queremos y lo que es, entre lo posible y lo viable. Entre la parte que proviene de nosotros y el soporte necesario externo para culminar proyectos. La conciencia desvela el instinto de supervivencia, sabiendo que hemos de buscar lo oportuno, y que esto es una cuestión tanto personal como lo proporcionado por el medio. Del aislamiento individual al acoplamiento colectivo. Las carencias crean dependencia, que es la clave para realizar esfuerzos de superación, que han de ser el resultado de intercambios constantes de dar y recibir.                                      La visión egocentrista nos inclina a mirar y velar por los propios intereses, y estos estan en estrecha relación a las acciones cometidas y lo que se deriva. Si la balanza en las interacciones está desequilibrada, las ganancias se pueden producir al principio, pero a la larga el deterioro conducirá  a las pérdidas.            Nosotros con nuestras pretensiones traemos el caos a nuestras vidas, no el entorno. Si no miramos dentro, lo que nos ha impulsado a querer y hacer lo que hacemos o hemos hecho, no podremos eliminar la fuente de donde ha emergido. El origen de las disonancias y conflictos es no armonizar los deseos personales con el de otros y el medio donde se produce la acción.                                                                                          Si no hay paz en el interior hay guerra en el exterior. Lo observado fuera brota de dentro. Nos deberíamos preguntar como se ha forjado la disconformidad entre lo que pensamos y queremos y lo que sucede.          Si pesa más el egoismo que el altruismo las polémicas persistiraan, por que la desconexión impide la fluidez y la obtención de lo pretendido. Hemos de dar más, compartir más, para el beneficio de todos los implicados. La negatividad es el resultado de nuestras elecciones, viendose en los desequilibrios entre unas grandes ventajas de una minoria y las grandes dificultades de la mayoria. Los planteamientos egoistas dan prioridad absoluta a los bienes materiales y ninguna importancia a los bienes espirituales, cuando en realidad los bienes valiosos son los bienes espirituales, y si llegan a percatarse de esto, tal vez sea tarde por que al final lo transitorio no se puede mantener.

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