Pendientes de cubrir las necesidades inmediatas ponemos la atención en temas estrictamente materiales, y centrados en la periferia nos desconectamos de nuestra parte más interna. No tenemos ideas de por qué suceden las cosas ni qué hemos de hacer al respecto. Situaciones repetitivas sin ver la causa ni como afrontarlas si no despertamos el anhelo de una vida significativa que traspase un puro subsistir. Si nos adentramos en estudios espirituales, las respuestas vienen lentamente, solo en una proporción muy pequeña. Conocer las áreas a trabajar es una parte ínfima, y escuchar o entender lo que nos conecta con nuestro trabajo específico no supone un cambio a corto plazo. Para retener el conocimiento y poder transformar lo preciso, hemos de involucrar al corazón. El corazón de los sabios de la antiguedad era del tamaño de un gran salón. La capacidad de las generaciones siguientes era del tamaño de una habitación, y actualmente es tan grande como una aguja. Con el tiempo nuestro corazón se ha degradado. Antes cuando hablabas con alguien dotado de sabiduría, si le decías que tenía un problema con la ira por ejemplo, al tener un corazón ámplio y capacidad para retener este conocimiento, podía cambiar en un momento. Hoy podemos insistir muchas veces en un tema y seguir igual. El hecho de escuchar infinidad de ocasiones los mismos argumentos no garantiza el cambio necesario a efectuar. La capacidad para retener el conocimiento y cambiar, son muy pequeños. El estudio y práctica constantes han de persistir hasta adentrarse profundamente cuando adquirimos la verdadera comprensión y madurez que pueden requerir décadas y décadas de insistencia. Cada vez que escuchamos, que entendemos, solo retenemos una pequeña fracción de esto para cambiar. Para el propósito de cambiar el corazón es pequeño, y la práctica y el recordatorio han de ser constantes. Vivir con provecho y propósito es un compromiso permanente que abarca todas las áreas en todo momento.
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