Impotencia social es querer enmendar los constantes conflictos y no tener capacidad para conseguirlo. La perpetuación de problemas incidiendo en una parte o en la mayoria de la población, es el reflejo de unas maneras de hacer que responden a la idiosincrácia humana y el nivel de inteligencia y conciencia limitada. En vez de una ámplia visión en perspectiva ideando objetivos para el beneficio común, queremos nuestro beneficio personal, y mientras la base que da pie a los planteamientos y acontecimientos con sus consecuencias siempre habrá temas a resolver. La masa es mayoritaria, pero la estructura gubernamental dispone de aparatos intimidadores, dificultando la introducción de cambios si van en contra de los intereses imperantes del poder establecido. Todos vamos detrás del propósito de conseguir condiciones de bienestar, la diferencia estriba en que los dirigentes controlan y el pueblo está sometido a unas directrices. A lo largo de los siglos van cambiando las formas externas, vamos substituyendo elementos antiguos que quedan desfasados por otros con mejores prestaciones, más rápidos, más ligeros, con unas posibilidades impensables en tiempos pretéritos. El anhelo de comodidad ha facilitado la introducción de materiales sofisticados. En cambio, nosotros seguimos manteniendo pautas y maneras de proceder igual que siglos atrás, por eso repetimos errores, perpetuamos el malestar y nunca se acaban los enfrentamientos por que queremos ganar, imponer, subyugar. Los dilemas sociales no resueltos, no es más que los dilemas individuales producto de una falta de armonía que impide ver con claridad, y por tanto provoca actuar negligentemente con los desencadenantes de corto o largo alcance. Mientras no modifiquemos objetivos y conducta dirigidos a un bien común, prevalecerá una insatisfacción generalizada como ha sido siempre y así continuará.
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