Mucha gente comete errores y no soporta ninguna indicación, reflexión o sugerencia para modificar el comportamiento. El orgullo y el ego son malos consejeros, teniendo en cuenta que el objetivo final de cualquier cometido es acercarse al máximo a la corrección.
Parece como si solo la policia o autoridades pertinentes pudieran advertirlos por que ejercen un rol aceptado socialmente para instaurar el orden. Profesores, los padres mientras se es pequeño, pueden formar parte de este grupo, el resto han de callar las evidencias para no ofender estos irresponsables.
Es cuestión de clarificar las formas incorrectas de aquellos que no soportan quedar al descubierto de sus fechorías, mientras la gente seria y eficiente sufre directamente las consecuencias de procedimientos chapuceros faltos de coherencia, consideración y atención.
Demasiadas personas no dan importancia a la desidia, a la lentitud resolutiva, a tratos indignos, donde por desgracia es un hecho habitual que acaba aburriendo incluso al más luchador. Saben que no son maneras, pero no hacen caso ante la impotencia imperante para cambiarlo.
La gente se ha acostumbrado que no le contesten mensajes, cartas, ni paguen en el tiempo oportuno, por poner solo unos ejemplos. Asistimos a un panorama desolador donde multitud de aspectos no funcionan debido a la mediocridad que hace lo que le parece sin tener en cuenta las consecuencias ni pensar en el prójimo.
Hemos de consentir este cúmulo de incompetencia ? No reaccionar ni tomar medidas ante la baja calidad de acciones o inacciones que perjudica a quien actúa pulcramente ?
Después nos encontramos en las valoraciones personales de cada uno ante situaciones donde unos pueden considerar molesto hacer ruidos, dar golpes u otros inconvenientes, y otros no. Ante la duda un plus de consideración y respeto para una mejor convivencia es lo que se ha de procurar.
No puede ser que mal educados, desconsiderados, se molesten si les pones en evidencia para que se puedan enmendar, y los que reciben las maneras toscas hayan de aguantar y no quejarse. Esta actitud imposibilita la concordia, porque proceder con negligencia, querer la impunidad y no pretender corregirse, conduce directamente a la ruiina.
Todo lo que rompe la armonía, ensucia, va contra el equilibrio natural, lesiona, perjudica, no se ha de tolerar. Es el orden quien ha de imperar y no el caos, la dignidad y no lo contrario. Si consentimos que estos individuos salgan indemnes, es aceptar la degradación como inevitable.
Donde, cuando y como ha de empezar y acabar la tolerancia ?
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