viernes, 9 de septiembre de 2011

RELACIONES ( I )

En el universo todo son conexiones, nada queda aislado aunque lo parezca en apariencia. El cuerpo físico es la prueba más obvia. Estamos compuestos por numerosos componentes, donde cada uno ejerce una función en forma de recursos. Cada miembro, cada factor es indispensable para disponer de unas óptimas condiciones, y cuando falla alguno, inmediatamente se produce una carencia que dificulta el movimiento natural articulado.
En el ámbito circundante también es preciso acoplar la multitud de elementos a fin de poder forjar una serie de condiciones que permitan el desarrollo y mantenimiento tanto individual como colectivo.
Obligatoriamente hemos de ir a la naturaleza a buscar lo que queremos, y esto implica una dependencia, la cual se convierte en la clave existencial que nos empuja a salir de nosotros mismos debiendo efectuar intercambios constantes para conseguir los subministros pretendidos.
Nuestra libertad está supeditada a la aportación de terceras personas, y a la vez nosotros hemos de hacer lo mismo. Es cuestión de efectuar encajes en una serie inacabable de interacciones.
Todo lo que pensamos, sentimos y hacemos, es producto de unas relaciones, pues si no fuera así habría una quietud absoluta, y la vida es movimiento continuo. No es posible medir que proporción de lo pensado es exclusivamente nuestra, pues es producto de lo que hemos leído, sentido y vivido en esta cadena infinita de aportaciones en forma de emisores y receptores.
Cada uno, con sus facultades y posibilidades ofrece una mínima parte al conjunto, pero gracias a estas pequeñas partes se pone en marcha el engranaje que mueve todo lo que requerimos.
La mayoría de lo que tenemos es gracias a la colaboración de personas desconocidas, y velar por las propias necesidades es velar por las necesidades comunes. Entendiendo esto como un soporte mutuo, hemos de procurar potenciar los intercambios dotándolos de más calidad. Los planteamientos egoistas no caben, es una visión errónea querer separarse del resto para satisfacer unos deseos, que rompe los enlaces de servicio recíproco, debiendo volver por fuerza a compartir con el colectivo por que la organización de la vida está hecha de tal manera que se han de ajustar ineludiblemente las fracciones unitarias en la globalidad.
Cada vez que se efectúa una acción egoista sale perjudicado el autor y aquellos implicados directamente o indirectamente al cortar el libre fluir producido por el desequilibrio que se ha llevado a cabo.

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