martes, 9 de octubre de 2012

FAMILIA ( III )

Los padres son el referente que ha de enseñarnos a comportar en sociedad. De la inconciencia del nacimiento hemos de pasar a una mínima conciencia para saber que queremos y como actuar con eficacia. A tal fin es primordial adquirir formación, y que los padres aporten una concepción madura de la vida, para transmitir valores que reviertan en un beneficio común.
A pesar de la jerarquia familiar, este hecho no ha de suponer sumisión ni dominio, sencillamente un trato justo, tratándose con dignidad entre todos.
Los hijos no son propiedad de los padres, todos somos libres. El rol de los padres es ejercer de intermediarios físicos para que cada uno lleve a cabo la función específica a realizar.
La familia, por sus connotaciones, son las personas mas remarcables, por lazos, convivencia y vínculos establecidos. Las influencias recibidas se pondran de manifiesto en la manera de proceder. No obstante, solo es la base, el punto de referencia, pues individualmente somos diferentes con las respectivas peculiaridades que transmitimos a la sociedad.
El crecimiento es pasar de una dependencia a una independencia, de una ignorancia a un aprendizaje. Los padres proporcionan nutrición, y tambien han de ser un apoyo en lo mental y emocional.
A medida adquirimos mayor autonomia, la familia pasa a ocupar un lugar mas secundario, hasta formar una nueva si es el caso.
La organización en pequeñas parcelas facilita la concentración, un mejor funcionamiento al centrarnos en lo que podemos abastecer. Y aquello que necesitamos y hemos de buscar fuera, nos lo proporcionan otros grupos, donde todos juntos hacemos de intermediarios.
La división en infinidad de familias facilita el orden, de lo contrario habría una dispersión imposibilitando el buen funcionamiento de las partes y el conjunto.
Todo tiene su razón de ser, se trata de saber acoplarnos, y en el papel de padres e hijos se produce un enseñar y aprender mutuos.
A través de las experiencias se generan nuevos retos que ponen a prueba los integrantes del núcleo familiar, y el mérito consiste en encontrar la expresión adecuada en cada caso para unos intercambios fluídos. La colaboración, diálogo y entendimiento, han de ser el objetivo para superar disonancias donde la buena convivencia se convierta en realidad.

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