domingo, 11 de octubre de 2015

ES LO QUE HAY

¿ Quien reconoce los errores ? ¿ Quien se disculpa ? ¿ Quien quiere rectificar ? ¿ Quien quiere escuchar ? ¿ Quien quiere ser corregido ? ¿ Quien quiere aprender realmente ?
Todas las preguntas formuladas son para reflexionar sobre la actitud que mostramos al cometer una equivocación. La cuestión es que estamos aprendiendo contínuamente, que el grado de desconocimiento es inmenso, haciendo que tambien lo sea la inconciencia. Entonces bajo estas premisas ¿ porqué molesta tanto su constatación cuando entra dentro de las posibilidades de acuerdo a nuestra preparación ?
¿ Somos perfectos ? No. ¿ Actuamos en todo momento de forma impecable ? No. ¿ Lo sabemos todo ? No. ¿ De donde proviene la verguenza de quedar en evidencia las propias carencias ? Del ego. Ante los demás hemos de demostrar que somos muy buenos, hábiles, inteligentes, y la verdad es que no es así. Podemos ser buenos e inteligentes en algunos aspectos, pero en muchos otros no sencillamente por que no hemos entrado en contacto o no se ajustan a los talentos personales.
Como humanos somos muy exigentes para recibir aportaciones externas, y en cambio lo somos muy poco para dar de nosotros. Queremos calidad, pero no la sabemos aportar. Queremos buenas relaciones y no sabemos relacionarnos para que sea así. Queremos experiencias que se recuerden gratamente, pero no disponemos de lo indispensable para hacerlo tangible.
La vida nos da tiempo para un propósito evolutivo, en el cual hemos de adquirir recursos diversos, pero si vivimos en una baja intensidad, con unas aspiraciones mínimas, entonces ¿ para qué queremos exactamente disponer de tiempo y recursos ?
Si queremos introducir más calidad en general en las diferentes áreas donde estemos inmersos, los planteamientos han de ser más astutos. Incrementar la auto exigencia para extraer un mayor rendimiento. Aumentar la concentración en lo que hacemos y decimos, preveer las consecuencias antes de ponernos en marcha. Expandir la capacidad de visión para que las acciones sean más precisas y acertadas. Hemos de ser coherentes, siendo constructores en vez de un efecto de las circunstancias que nos arrastre sin saber donde iremos a parar y en que condiciones.
Si lo que somos y lo que hay lo queremos mejorar, hemos de empezar desde dentro para revertirlo fuera en la manera oportuna, con responsabilidad, de lo contrario seguiremos en la supuesta zona de confort inconfortable.

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