Somos directores y subordinados al mismo tiempo. Directores por que estamos diseñados individualmente y mantenernos vivos depende de nosotros. Y subordinados por que nos debemos a un orden social y de encaje con el entorno, la naturaleza y los demás. Estamos influenciados por múltiples factores externos, y lo pensado, sentido y la forma de proceder como si fuera plenamente nuestra, en realidad es la adherencia a lo que sintoniza con la propia idiosincracia. Entre lo interno y externo, lo propio y ajeno, nos debatimos continuamente en la faceta tanto de director como subordinado. La inserción en el exterior nos somete al cumplimiento de unas leyes y principios para que prevalezca el orden. Los recursos acumulados gradualmente en cuanto a conocimientos y dinero, ha sido por intercambios. Hemos sido directores con una postura activa, y subordinados receptivos a las aportaciones de otros. La planificación de lo que queremos entre el inicio y final lo hemos de dirigir nosotros. La obtención de lo pretendido con los intermediarios en el proceso nos subordina a un tiempo, factores no controlados y la intervención de terceros. Todos somos directores y subordinados. La dependencia nos hace iguales, bebemos de una fuente común extrayendo lo indispensable para subsistir. Las diferencias relativas a inteligencia, entorno, riqueza y pobreza son externas, por que en lo esencial cada uno ha de ser director y encajar en el papel de subordinado. Si queremos ser buenos directores hemos de trabajar sobre nosotros mismos para trasladar el propio equilibrio interno al exterior y instaurar la armonía. Todos los conflictos y caos son el reflejo de las disonancias personales de no saber dirigir debidamente la propia vida, y esto repercute en factores impersonales al no subordinarse con la actitud correcta. En nuestros objetivos cuando influimos en el medio, hemos de planificarlos con perspectiva para obtener el propósito y al mismo tiempo no perjudicar a terceros. Dirigir por el conocimiento subordinandonos a las peculiaridades donde actuemos a fin que el desenlace favorezca las partes implicadas.
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