Acostumbrados a fijarnos en unas palabras o unos hechos, interpretados habitualmente desde las particulares ópticas personales de conocimiento reducido y de valores puestos en duda, lo que vemos y podemos observar con los sentidos físicos, es más de lo captado externamente. Cada objeto físico y cada concepto de la creación posee una substancia material de una forma espiritual. Vemos la estructura interna, donde radica su gracia y encanto. Cada cosa creada tiene una sabiduria o lógica interna y una sabiduria o lógica externa. El objetivo es comprender toda la creación por medio de la inteligencia interna que se encuentra en ella, sacar los velos requiere las herramientas precisas que permitan adentrarse más allá de la forma para entender la substáncia intrínseca. Cada cosa conocida o desconocida, próxima o distante, está diseñada para una función particular que participe en el colectivo. Animales, minerales, plantas, herramientas de trabajo, se identifican por unos nombres, tienen sus características, hacen una aportación al conjunto, cada una con su diseño particular que encaje con su papel. Nosotros vemos la obra acabada, pero encontrar el nombre pertinente, la medida, la forma, escapa a nuestra comprensión limitada por que las especies que nos rodean han sido forjadas por un plan no abastable a la capacidad humana. Hay una sabiduria y lógica interna y externa para que el producto final, animal, vegetal u otros, ha sido pesado y medido antes de concretarse en la densidad para que ejerza su singularidad de manera óptima. Nos quedamos en lo aparente, definimos alguien como alto, bajo, delgado, gordo, desconociendo que cada peculiaridad tiene un objetivo y no es producto del azar. Y en nuestra ignorancia opinamos o valoramos convencidos de unos criterios que no sabemos realmente el por qué de aquellas especificidades y el propósito que lo sostiene. Si no subyugamos la vertiente instintiva y material no podremos percibir las sutilezas detrás de los velos que nos rodean, y viendo lo que impera dificilmente lo descubriremos.
Este blog no pretende emular a los grandes pensadores clásicos, sino sólo unas breves exposiciones que puedan llegar a todo tipo de personas.
viernes, 26 de junio de 2026
viernes, 12 de junio de 2026
SOFISTICACIÓN EXTERNA RUDIMENTARIEDAD INTERNA
El decorado social externo con la substitución de herramientas y materiales pesados de épocas lejanas por las actuales ligeras dotadas de grandes prestaciones para trabajar confortablemente, se debe al anhelo de reducir esfuerzos físicos y evitar un desgaste. Observando las condiciones de décadas atrás, de los últimos cien años, la sofisticación de los instrumentos que nos acompaña en el trabajo y el ámbito doméstico, ha introducido ventajas constantes. La auto motivación social se ha extendido en todos los frentes, y es una señal de avance favorable para la productividad y la ejecución que antiguamente era dura, lenta y cansada. Al tener el foco en el exterior a la búsqueda de recursos, empujados por las diversas necesidades a cubrir que dependen de intercambios, limitados en cuanto a tiempo por obligaciones, ni pensamos ni deseamos adentrarnos en la vida interna. Solo cuenta lo transmitido por los deseos, lo que vemos, tocamos, podemos pesar, experimentar. Siempre enfocados en la periferia descuidamos entrar en contacto con nuestro centro que nos indicaria lo que conviene realmente y cuales son las prioridades convenientes. Y así, apuntando a objetivos mundanos, hemos mejorado las condiciones de los instrumentos de uso, y lo hemos de aprovechar. No obstante, la desconexión interna, nos mantiene con las expresiones rudimentarias de siglos atrás, avanzando materialmente pero estancados en el desarrollo espiritual que ha de reflejar la substitución de formas obstructivas prosaicas por otras sucesivamente más refinadas exactamente igual como hemos hecho con las máquinas. Estamos muy cómodos con las herramientas, pero al no progresar nuestras expresiones mostrandolo en el comportamiento, las relaciones problemáticas y conflictos persisten y son motivo de incomodidad. Si queremos gozar el mismo confort externo de los aparatos allí donde hay malestar, hemos de introducir la sofisticación en nuestro interior para ver claro los objetivos procediendo con atención, corrección y eficacia.