El objetivo de lo realizado y de lo que queremos es proceder con acierto para obtener un desenlace favorable, pero no estamos en disposición de saberlo todo, ni tenemos la misma habilidad en diferentes facetas. Saber donde se encuentra lo correcto y donde lo incorrecto es un trabajo que siempre nos acompaña, pues aquí radica decantar la balanza a favor o en contra.
En un proceso pueden haber varias etapas, una previsible y una imprevisible. Una parte depende de nosotros, y la otra de factores externos no controlados. Para conseguir el propósito hemos de estar preparados, pero siempre hay un inicio donde se parte de cero, y los errores se producen por desconocimiento, falta de atención o movimientos no sincronizados.
El hecho de tropezar puede suponer consecuencias graves, leves o sin efecto, se trata de observar el detonante y tomar las medidas oportunas para corregir lo que se pueda de una situación pasada o de futuras con características similares.
Tanto a nivel individual como colectivo se van repitiendo pautas ancestrales inservibles. Comportamientos que han ocasionado malestar, fricciones, pérdidas, y por más reiterativo que haya sido se siguen manteniendo las mismas pautas. En vez de pararse, reflexionar, ver donde se produce el desajuste, empujados por los deseos egoistas y una visión limitada se perpetuan procedimientos inútiles. ¿ Estas personas quieren realmente bienestar ?
Con planteamientos interesados, pendientes del propio beneficio, los tropiezos no se podran subsanar, pues toda interacción implica la intervención de dos partes dando y recibiendo, y si hay un desequilibrio en este sentido la armonía y el trato justo no será posible.
La raíz de los errores tiene diversas vertientes. Errores conscientes reconociéndolos, o inconscientes por los motivos que sea. Errores de buena fe donde la situación nos supera, y de mala fe donde la persona cree ha de decir o hacer determinada acción por sus conceptos, ideas y valores, donde la negatividad y el perjuicio causado a terceros reflejan claramente la incorrección.
El paso del tiempo debería servir para ampliar la panorámica y actuar mucho mejor, pero la realidad nos muestra que no aprovechamos las experiencias.
Tropezar es una oportunidad, y extraer un beneficio el objetivo. Ver sin ver, oir sin escuchar, actuar sin preveer las consecuencias, aquí es donde está la clave de ir perpetuando errores y así continuará hasta no pasar al otro extremo de claridad.
Este blog no pretende emular a los grandes pensadores clásicos, sino sólo unas breves exposiciones que puedan llegar a todo tipo de personas.
miércoles, 19 de marzo de 2014
domingo, 9 de marzo de 2014
CONEXIÓN DESCONECTADA
La imagen social aparente es que tenemos muchos contactos. Mensajes arriba y abajo, diversas redes, donde todo en conjunto es paja.
¿ Cuantos de estos contactos aportan realmente una comunicación recíproca con substáncia ? ¿ Cuantas amistades son realmente sentidas ?
La cantidad de interacciones es indiscutible, pero esto no implica una calidad. Para que haya calidad se ha de ofrecer lo mejor de nosotros, y la superficialidad imperante no permite aflorar expresiones revitalizadoras en los intercambios.
La mayoría de relaciones estan impulsadas por el interés, y pensando solo en el propio beneficio no se pueden edificar vínculos sólidos. Lo transmitido es el reflejo del potencial actual, y si este es más bien bajo esto es lo que ofrecemos a los demás.
Por regla general se van tratando temas banales que no van a ningún lado para llenar el silencio. Cada dia lo constatamos, en el trabajo, con la familia, pareja y en general. No hay una verdadera apertura hacia el otro, ni de ideas ni de sentimientos.
Si las dos partes no se involucran no es posible una conexión. No es cuestión de hablar, sino descifrar el contenido de las palabras con su componente, tanto mental como emocional, y ejerciendo de oyentes, preocupados sinceramente por el otro, extraer de la conversación material útil para el emisor y el receptor. Este debería ser el objetivo.
La inercia nos hace inconscientes, a menudo irreflexivos, actuando de acuerdo a unas costumbres, por unas fechas y lo que representan, y vibrar con lo que hacemos exige atención, conocimiento y entusiasmo.
La baja intensidad mostrada habitualmente en lo ejecutado, es el principal obstáculo para tener experiencias cautivadoras. No queremos riesgos, ni tratar según que temas, el miedo nos tenaza dejando escapar oportunidades contínuamente.
Como se contacta indica el tipo de persona. Mucha gente dice de palabra que hará y después no hace. Que preparan un encuentro que nunca llega. Llamadas, cartas que no contestan. Indiferencia, frialdad, esta es la actitud adoptada por un grupo cada vez más numeroso.
Amistades que en realidad no lo son. Acercamiento solo por interés. Afectuosidad falsa.
¿ Cuantos de entre todos los conocidos son realmente sinceros en lo que manifiestan ? ¿ Con cuantas personas somos capaces de mostrarnos tal cual somos ? ¿ A cuantos queremos auténticamente y cuantos nos quieren ? ¿ A quien conocemos en esencia ? ¿ Este tipo de conexión desconectada es lo que queremos ?
Podemos establecer muchas y variadas conexiones, que en el fondo señalan la gran desconexión entre todos.
¿ Cuantos de estos contactos aportan realmente una comunicación recíproca con substáncia ? ¿ Cuantas amistades son realmente sentidas ?
La cantidad de interacciones es indiscutible, pero esto no implica una calidad. Para que haya calidad se ha de ofrecer lo mejor de nosotros, y la superficialidad imperante no permite aflorar expresiones revitalizadoras en los intercambios.
La mayoría de relaciones estan impulsadas por el interés, y pensando solo en el propio beneficio no se pueden edificar vínculos sólidos. Lo transmitido es el reflejo del potencial actual, y si este es más bien bajo esto es lo que ofrecemos a los demás.
Por regla general se van tratando temas banales que no van a ningún lado para llenar el silencio. Cada dia lo constatamos, en el trabajo, con la familia, pareja y en general. No hay una verdadera apertura hacia el otro, ni de ideas ni de sentimientos.
Si las dos partes no se involucran no es posible una conexión. No es cuestión de hablar, sino descifrar el contenido de las palabras con su componente, tanto mental como emocional, y ejerciendo de oyentes, preocupados sinceramente por el otro, extraer de la conversación material útil para el emisor y el receptor. Este debería ser el objetivo.
La inercia nos hace inconscientes, a menudo irreflexivos, actuando de acuerdo a unas costumbres, por unas fechas y lo que representan, y vibrar con lo que hacemos exige atención, conocimiento y entusiasmo.
La baja intensidad mostrada habitualmente en lo ejecutado, es el principal obstáculo para tener experiencias cautivadoras. No queremos riesgos, ni tratar según que temas, el miedo nos tenaza dejando escapar oportunidades contínuamente.
Como se contacta indica el tipo de persona. Mucha gente dice de palabra que hará y después no hace. Que preparan un encuentro que nunca llega. Llamadas, cartas que no contestan. Indiferencia, frialdad, esta es la actitud adoptada por un grupo cada vez más numeroso.
Amistades que en realidad no lo son. Acercamiento solo por interés. Afectuosidad falsa.
¿ Cuantos de entre todos los conocidos son realmente sinceros en lo que manifiestan ? ¿ Con cuantas personas somos capaces de mostrarnos tal cual somos ? ¿ A cuantos queremos auténticamente y cuantos nos quieren ? ¿ A quien conocemos en esencia ? ¿ Este tipo de conexión desconectada es lo que queremos ?
Podemos establecer muchas y variadas conexiones, que en el fondo señalan la gran desconexión entre todos.
viernes, 28 de febrero de 2014
AUTENTICIDAD
El camino no está hecho para muchos, y de estos solo unos cuantos son auténticos.
Consagrar la vida más allá de la subsistencia material al trabajo interior de crecimiento constante, pide bastante más que la comprensión intelectual teórica. Se requiere un inmenso deseo interno de librarse completamente a la instrucción y entrenamiento sin tregua que conduzca a la apertura de conciencia como referencia, y a la transformación posterior de formas prosaicas por formas refinadas.
Los condicionantes externos, las necesidades inmediatas, las diversas obligaciones, limitan la dedicación a observarse y saber con certeza que nos conviene a parte de acceder a los recursos materiales. La inercia es la tónica preponderante, donde hacer pausas largas para la introspección es una utopia atrapados como estamos en la persecución de dinero y los compromisos que esto comporta.
¿ Si tuvieramos una renta asegurada, cuantos de entre nosotros se meterian de lleno en el cultivo espiritual ?
La mayoría solo buscaria entretenimientos y placeres, pues dedicarse en cuerpo y alma al desarrollo integral del ser es una vocación que ha de estar fuertemente arraigada en lo más profundo de nosotros, de lo contrario faltará la intensidad, voluntad y continuidad ante los múltiples retos que se han de afrontar.
La vida mundana solo se dirige a tener en lo externo, en lo visible. La vida espiritual persigue el encaje a todos los niveles, y a parte de velar por la economía y los bienes esenciales, se ha de trabajar sobre uno mismo para que las manifestaciones de lo que pensamos, sentimos y hacemos, sean cada vez más efectivas para generar condiciones más favorables.
Enfocarse solo en la subsistencia es vivir en la temporalidad. Enfocarse en la trascendencia es proyectarse hacia la eternidad, adquiriendo ganancias indestructibles que sirven para seguir subiendo de nivel evolutivo.
Lo elemental es común en todos, donde la diferencia entre una vida de simple mantenimiento y una vida dotada de propósito, es lo que preparamos impulsándonos más allá del tiempo y espacio conocidos de nuestra dimensión para adentrarnos en sutilezas clarificadoras de la función que hemos venido a realizar aquí.
Consagrar la vida más allá de la subsistencia material al trabajo interior de crecimiento constante, pide bastante más que la comprensión intelectual teórica. Se requiere un inmenso deseo interno de librarse completamente a la instrucción y entrenamiento sin tregua que conduzca a la apertura de conciencia como referencia, y a la transformación posterior de formas prosaicas por formas refinadas.
Los condicionantes externos, las necesidades inmediatas, las diversas obligaciones, limitan la dedicación a observarse y saber con certeza que nos conviene a parte de acceder a los recursos materiales. La inercia es la tónica preponderante, donde hacer pausas largas para la introspección es una utopia atrapados como estamos en la persecución de dinero y los compromisos que esto comporta.
¿ Si tuvieramos una renta asegurada, cuantos de entre nosotros se meterian de lleno en el cultivo espiritual ?
La mayoría solo buscaria entretenimientos y placeres, pues dedicarse en cuerpo y alma al desarrollo integral del ser es una vocación que ha de estar fuertemente arraigada en lo más profundo de nosotros, de lo contrario faltará la intensidad, voluntad y continuidad ante los múltiples retos que se han de afrontar.
La vida mundana solo se dirige a tener en lo externo, en lo visible. La vida espiritual persigue el encaje a todos los niveles, y a parte de velar por la economía y los bienes esenciales, se ha de trabajar sobre uno mismo para que las manifestaciones de lo que pensamos, sentimos y hacemos, sean cada vez más efectivas para generar condiciones más favorables.
Enfocarse solo en la subsistencia es vivir en la temporalidad. Enfocarse en la trascendencia es proyectarse hacia la eternidad, adquiriendo ganancias indestructibles que sirven para seguir subiendo de nivel evolutivo.
Lo elemental es común en todos, donde la diferencia entre una vida de simple mantenimiento y una vida dotada de propósito, es lo que preparamos impulsándonos más allá del tiempo y espacio conocidos de nuestra dimensión para adentrarnos en sutilezas clarificadoras de la función que hemos venido a realizar aquí.
miércoles, 19 de febrero de 2014
NO PERDER ES GANAR
Todos nos encontramos aquí con un karma donde desconocemos el origen y su magnitud, pero lo que está claro es la necesidad de enmendarnos en diversos frentes.
Nadie se libra de recibir multitud de agravios que vienen de todos lados. A veces son los padres, otras los hermanos, la pareja, amistades, compañeros de trabajo. En un momento u otro recibimos garrotazos, y en ocasiones de varias personas en la misma época. Parece como si no fuera posible mantener la paz de forma estable, y cuando se acaba una batalla empieza otra.
La mayor parte de veces, si observamos el proceso, nos percataremos de la absurdidad de lo que ha provocado la discordia. La lógica desaparece dejando que se impongan unos determinados deseos personales desembocando en conflicto. Y esto se va repitiendo, ahora con uno ahora con otro, y mientras sigamos actuando de la misma manera nunca se resolveran las polémicas.
Muchos episodios vistos únicamente por lo que ha pasado, no tienen una base racional, y es aquí donde las deudas pendientes pueden esclarecer el detonante si desciframos el contenido de lo que se ha producido.
Agredimos y somos agredidos indefinidamente hasta que se desvela la conciencia de que las interacciones son un puente entre lo realizado anteriormente y sus consecuencias, y las posibilidades de ver y comprender con más amplitud cual es nuestra función aquí y ahora a través de las relaciones que se van cruzando en el camino.
Los otros los hemos de tener como un potencial que ayuda a expandirnos, como el revulsivo necesario para reflexionar y modificar aquellas posturas perjudiciales substituyéndolas por expresiones benéficas.
Aunque recibamos tratos punibles, indiferencia o ingratitud, nosotros hemos de actuar de manera de no acumular karma, mostrándonos atentos y correctos.
En el camino se diluiran relaciones, viviremos sensaciones desagradables, y procurando responder con el bien pagaremos deudas si es que lo eran, pues lo importante es no incrementar más cargas. Con esta actitud no perderemos en los acontecimientos que se produzcan, y no perdiendo ganaremos por la voluntad de instaurar la armonia con las progresivas mejoras que constataremos si preservamos en forjar el bien.
Nadie se libra de recibir multitud de agravios que vienen de todos lados. A veces son los padres, otras los hermanos, la pareja, amistades, compañeros de trabajo. En un momento u otro recibimos garrotazos, y en ocasiones de varias personas en la misma época. Parece como si no fuera posible mantener la paz de forma estable, y cuando se acaba una batalla empieza otra.
La mayor parte de veces, si observamos el proceso, nos percataremos de la absurdidad de lo que ha provocado la discordia. La lógica desaparece dejando que se impongan unos determinados deseos personales desembocando en conflicto. Y esto se va repitiendo, ahora con uno ahora con otro, y mientras sigamos actuando de la misma manera nunca se resolveran las polémicas.
Muchos episodios vistos únicamente por lo que ha pasado, no tienen una base racional, y es aquí donde las deudas pendientes pueden esclarecer el detonante si desciframos el contenido de lo que se ha producido.
Agredimos y somos agredidos indefinidamente hasta que se desvela la conciencia de que las interacciones son un puente entre lo realizado anteriormente y sus consecuencias, y las posibilidades de ver y comprender con más amplitud cual es nuestra función aquí y ahora a través de las relaciones que se van cruzando en el camino.
Los otros los hemos de tener como un potencial que ayuda a expandirnos, como el revulsivo necesario para reflexionar y modificar aquellas posturas perjudiciales substituyéndolas por expresiones benéficas.
Aunque recibamos tratos punibles, indiferencia o ingratitud, nosotros hemos de actuar de manera de no acumular karma, mostrándonos atentos y correctos.
En el camino se diluiran relaciones, viviremos sensaciones desagradables, y procurando responder con el bien pagaremos deudas si es que lo eran, pues lo importante es no incrementar más cargas. Con esta actitud no perderemos en los acontecimientos que se produzcan, y no perdiendo ganaremos por la voluntad de instaurar la armonia con las progresivas mejoras que constataremos si preservamos en forjar el bien.
domingo, 9 de febrero de 2014
SENCILLEZ - ALTIVEZ
¿ De qué depende mostrarse sencillo o altivo ? Del nivel de conciencia. A mayor conciencia más sencillez, a mayor inconciencia más altivez.
La persona sencilla se percata de su insignificancia ante la inmensidad, ante la dependencia constante para acceder a los recursos pretendidos, de su ignorancia, de la fragilidad a que está expuesto por acontecimientos no controlados, de la necesidad de otros como proveedores.
La persona altiva se cree importante por que ocupa un cargo relevante, por que dispone de dinero, por que llega a gente que le aclama, por que influenciado por el ego se piensa que es superior, mejor que otros por comparación en cuanto a tener. Pero estas imposturas erróneas producto de una ilusión, impiden ver con claridad el trasfondo.
Quien es más sencillo es más comprensivo, dialogante, abierto, flexible, considerado, ecuánime, sabe que los errores se cometen por motivos diversos pero no a propósito.
Quien es altivo es orgulloso, cerrado, rígido, solo vale su criterio, no reconoce los defectos, no se le puede advertir porque se considera impecable. Auto centrado en sus cosas, los demás son como una espécie de mal inevitable frente a su desmesurada valoración.
La persona sencilla es humilde, y convencida de no ser madie relevante, con su actitud es alguien.
La persona altiva se cree alguien, y justamente por lo que dice, por lo que hace, por el trato menospreciativo habitual, no es nadie.
La persona sencilla sin necesidad de unos conocimientos específicos se muestra con una sabiduría porque ha comprendido lo esencial.
La persona altiva, falta de visión, pendiente de su microcosmos, distorsiona la realidad, observándola a conveniencia viviendo en la falsedad de un supuesto valor que denota un complejo de inferioridad que intenta compensar sin conseguirlo.
Quien es sencillo lo pone facil para entenderse y resolver asuntos. Quien es altivo discute, se quiere salir con la suya tanto si como no, y lo que con buenas maneras se agilizaría con rapidez, la prepotencia expresiva eterniza los conflictos.
En definitiva todo es una cuestión de claridad o oscuridad, clave para cualquier planteamiento y los desencadenantes que vendran a continuación.
La persona sencilla se percata de su insignificancia ante la inmensidad, ante la dependencia constante para acceder a los recursos pretendidos, de su ignorancia, de la fragilidad a que está expuesto por acontecimientos no controlados, de la necesidad de otros como proveedores.
La persona altiva se cree importante por que ocupa un cargo relevante, por que dispone de dinero, por que llega a gente que le aclama, por que influenciado por el ego se piensa que es superior, mejor que otros por comparación en cuanto a tener. Pero estas imposturas erróneas producto de una ilusión, impiden ver con claridad el trasfondo.
Quien es más sencillo es más comprensivo, dialogante, abierto, flexible, considerado, ecuánime, sabe que los errores se cometen por motivos diversos pero no a propósito.
Quien es altivo es orgulloso, cerrado, rígido, solo vale su criterio, no reconoce los defectos, no se le puede advertir porque se considera impecable. Auto centrado en sus cosas, los demás son como una espécie de mal inevitable frente a su desmesurada valoración.
La persona sencilla es humilde, y convencida de no ser madie relevante, con su actitud es alguien.
La persona altiva se cree alguien, y justamente por lo que dice, por lo que hace, por el trato menospreciativo habitual, no es nadie.
La persona sencilla sin necesidad de unos conocimientos específicos se muestra con una sabiduría porque ha comprendido lo esencial.
La persona altiva, falta de visión, pendiente de su microcosmos, distorsiona la realidad, observándola a conveniencia viviendo en la falsedad de un supuesto valor que denota un complejo de inferioridad que intenta compensar sin conseguirlo.
Quien es sencillo lo pone facil para entenderse y resolver asuntos. Quien es altivo discute, se quiere salir con la suya tanto si como no, y lo que con buenas maneras se agilizaría con rapidez, la prepotencia expresiva eterniza los conflictos.
En definitiva todo es una cuestión de claridad o oscuridad, clave para cualquier planteamiento y los desencadenantes que vendran a continuación.
miércoles, 29 de enero de 2014
COHERENCIA
¿ Está realmente en consonancia lo que decimos con lo que hacemos ? ¿ Decimos una cosa y hacemos otra diferente ? ¿ Porquè se contradice lo dicho y lo hecho ? Los motivos pueden ser diversos : irreflexión, intereses en algún sentido, precipitación, falta de claridad, y sobretodo desequilibrio entre la parte interna y externa.
Es un hecho habitual constatar incoherencias, en las personas más cercanas, en el ámbito laboral, en personas que ocupan cargos relevantes, y esto genera una mala imagen, pérdida de credibilidad y desconfianza; ¿ pues como se puede confiar en alguien que dice blanco y despues muestra negro a la hora de actuar ?
¿ Piensan realmente el significado de las palabras ? ¿ La incidencia de éstas ? ¿ Las consecuencias del desencaje entre lo pronunciado y lo expresado ?
Aparentar, querer ser lo que no se es, generar una impresión falsa con un fin oculto, siempre hay un motivo de base que ha de clarificar la disonancia entre decir y hacer, y a menudo, en un ambiente frívolo, superficial, ni el mismo protagonista sabe realmente que le empuja a comportarse de esta manera.
La incoherencia es una desconexión, es como querere conectar un hilo, un aparato, en un lugar equivocado, y evidentemente no funciona. La coherencia es sintonizar los diversos elementos presentes acoplándolos correctamente para su propósito y buen uso.
Ir evidenciando incoherencias provoca desconfianza, falta de credibilidad, mala imagen, valoración a la baja, distancia, evitar tratos cercanos por el peligro de salir perjudicado. Es un mal negocio ser incoherente, la gente se aleja, y el implicado en cuestión en vez de extraer beneficios lo que recoge son pérdidas.
¿ Qué falla en el trayecto ? La falta de encaje refleja un desequilibrio entre lo que se quiere hacer creer a otros y la acción realizada, y los detonantes que impulsan a comportarse así son múltiples.
Cuando somos coherentes hay armonia, y esta se transmite al exterior. En las incoherencias hay confusión, dudas y sospechas sobre una parte turbia escondida pero evidente a través de las contradicciones.
Es un hecho habitual constatar incoherencias, en las personas más cercanas, en el ámbito laboral, en personas que ocupan cargos relevantes, y esto genera una mala imagen, pérdida de credibilidad y desconfianza; ¿ pues como se puede confiar en alguien que dice blanco y despues muestra negro a la hora de actuar ?
¿ Piensan realmente el significado de las palabras ? ¿ La incidencia de éstas ? ¿ Las consecuencias del desencaje entre lo pronunciado y lo expresado ?
Aparentar, querer ser lo que no se es, generar una impresión falsa con un fin oculto, siempre hay un motivo de base que ha de clarificar la disonancia entre decir y hacer, y a menudo, en un ambiente frívolo, superficial, ni el mismo protagonista sabe realmente que le empuja a comportarse de esta manera.
La incoherencia es una desconexión, es como querere conectar un hilo, un aparato, en un lugar equivocado, y evidentemente no funciona. La coherencia es sintonizar los diversos elementos presentes acoplándolos correctamente para su propósito y buen uso.
Ir evidenciando incoherencias provoca desconfianza, falta de credibilidad, mala imagen, valoración a la baja, distancia, evitar tratos cercanos por el peligro de salir perjudicado. Es un mal negocio ser incoherente, la gente se aleja, y el implicado en cuestión en vez de extraer beneficios lo que recoge son pérdidas.
¿ Qué falla en el trayecto ? La falta de encaje refleja un desequilibrio entre lo que se quiere hacer creer a otros y la acción realizada, y los detonantes que impulsan a comportarse así son múltiples.
Cuando somos coherentes hay armonia, y esta se transmite al exterior. En las incoherencias hay confusión, dudas y sospechas sobre una parte turbia escondida pero evidente a través de las contradicciones.
domingo, 19 de enero de 2014
REACCIONAR O RESISTIR ( II )
Si reaccionamos a los eventos externos por el comportamiento de otros o circunstancias, nos convertimos en efecto de lo que pasa. Si resistimos observando en perspectiva, preparando la mejor opción por lo que se ha generado, entonces estaremos fabricando la causa al planificar y decidir nosotros que queremos y que es más conveniente.
Reaccionar es quedar atrapado en algo desagradable creado por terceros o bien por alguna acción personal que no sale como querríamos. Resistir es aceptar unos hechos procurando extraer una ventaja.
Los motivos que nos empujan a reaccionar son diversos, sea por descontento, por esperar unas expectativas diferentes, por valorar según que con un resultado por debajo de lo deseado.
Resentimiento por expresiones o la conducta de alguien Orgullo de acuerdo a la auto importancia y el trato recibido por otros. Venganza si la sensación es haber sido agredidos, perjudicados, con afán de justicia para satisfacer emociones primarias.
Reaccionar es mostrar enojo, expesándonos con palabras o formas agrias porque se han encajado mal palabras o formas de otros que de alguna manera no consentimos. Reaccionar es una expresión del ego : que me dicen, que me hacen a mi, que se han pensado, que se han creído.
Resistir es señal de madurez, de tranquilidad, de mirar en perspectiva, de no ver a los demás como los malos, sino como medios proporcionadores de apertura, de oportunidades para introducir ajustes más cuidados.
En aquello que es inútil porque es imposible entenderse con el interlocutor, retirarse es lo más conveniente.
Esperar a rehacer deterioros solo vale la pena si hay voluntad en ambas partes, capacidad de escuchar, no querer imponer por fuerza los propios criterios, si no lo que sea equitativo pensando en el bien común.
Lo que es inviable, donde no hay entendimiento, ni confianza, que es perjudicial, se ha de dejar para dirigir la energia en relaciones y condiciones apropiadas.
Chillar, insultar, mostrarse ofendido, indica que se está enfadado porque no se produce lo que deseamos como nos gustaría, y de alguna manera es un poco infantil responder en estos términos.
Mantener la calma, el comportamiento educado, es quien marca la diferencia entre alguien que se hace cargo de la situación sin alterarse. Perder los papeles es verse superado por los acontecimientos, respondiendo instintivamente sin lógica ni con buen criterio.
Reaccionar es quedar atrapado en algo desagradable creado por terceros o bien por alguna acción personal que no sale como querríamos. Resistir es aceptar unos hechos procurando extraer una ventaja.
Los motivos que nos empujan a reaccionar son diversos, sea por descontento, por esperar unas expectativas diferentes, por valorar según que con un resultado por debajo de lo deseado.
Resentimiento por expresiones o la conducta de alguien Orgullo de acuerdo a la auto importancia y el trato recibido por otros. Venganza si la sensación es haber sido agredidos, perjudicados, con afán de justicia para satisfacer emociones primarias.
Reaccionar es mostrar enojo, expesándonos con palabras o formas agrias porque se han encajado mal palabras o formas de otros que de alguna manera no consentimos. Reaccionar es una expresión del ego : que me dicen, que me hacen a mi, que se han pensado, que se han creído.
Resistir es señal de madurez, de tranquilidad, de mirar en perspectiva, de no ver a los demás como los malos, sino como medios proporcionadores de apertura, de oportunidades para introducir ajustes más cuidados.
En aquello que es inútil porque es imposible entenderse con el interlocutor, retirarse es lo más conveniente.
Esperar a rehacer deterioros solo vale la pena si hay voluntad en ambas partes, capacidad de escuchar, no querer imponer por fuerza los propios criterios, si no lo que sea equitativo pensando en el bien común.
Lo que es inviable, donde no hay entendimiento, ni confianza, que es perjudicial, se ha de dejar para dirigir la energia en relaciones y condiciones apropiadas.
Chillar, insultar, mostrarse ofendido, indica que se está enfadado porque no se produce lo que deseamos como nos gustaría, y de alguna manera es un poco infantil responder en estos términos.
Mantener la calma, el comportamiento educado, es quien marca la diferencia entre alguien que se hace cargo de la situación sin alterarse. Perder los papeles es verse superado por los acontecimientos, respondiendo instintivamente sin lógica ni con buen criterio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)